NOTA DEL DIRECTOR
Sonidos de una guerra indeterminada, una compañía de jóvenes actores refugiados en una iglesia en ruinas, una explosión cercana y amenazante que enfrenta a los miembros de la compañía.
De repente un curioso e inquietante individuo irrumpe en el lugar anunciando la llegada de alguien especial, distinto, un ser poderoso que aparece como si de un hechizo se tratase, y que es capaz de cambiar la realidad, enseñándonos quiénes somos a través de historias, parábolas y pequeños entremeses teatrales.
¿Son reales estos personajes? ¿Son actores dentro de una obra interpretada por actores? ¿Y estos dos personajes que no parecen ser parte del grupo y representan papeles antagónicos, son quiénes dicen ser? ¿Se han colado en el espacio escénico ¿Quién les ha dejado entrar?
Teatro dentro del teatro. Todos cumpliendo lo encomendado para que los mensajes trasciendan: los actores para llegar a la catarsis de emociones de las que se nutre al público desde la escena; los personajes cumpliendo con su destino para que el mensaje de amor que transportan viaje a través de los siglos.
A veces todo se entremezcla y no sabemos lo que es verdad teatral, o lo que es verdad espiritual. Un mensaje con más de 2000 años de historia, contado de otra forma. Una nueva pasión.
El teatro comenzó como un acto semi-religioso. Todavía conserva ese carácter ritual, esa común unión entre espectadores y actores bajo un mismo techo, en un espacio de magia compartida que hoy reclama ser un refugio para la verdad. Un lugar pequeño donde pueden ocurrir cosas muy grandes.
Talía, la diosa del teatro ha de ser modesta y dejar que ese espacio donde ella gobierna sea ocupado hoy por un Dios que nos habla de amor, de perdón, de caridad, de humildad.
Vivimos en tiempos violentos, confusos.
Hoy el escenario nos invita a rememorar una lección que durante más de dos milenios no terminamos de aprender.
El espectáculo que van a presenciar es nuestro grano de arena para animarles a dinamitar la utopía y pasar a construir la ciudad soñada, no rindiéndose ante la idea de crear un mundo mejor.
Gracias por venir al teatro, gracias por participar y envolverse en la “liturgia teatral” que les proponemos. Siempre esperando que disfruten, se diviertan, se emocionen y reflexionen.
Amén.
ANTONIO BANDERAS